Alice llegó un día apacible, y desde el mar la bella Alexandría se veía dulce y encantadora. El puerto morisco descansaba a la hora de la siesta, dejando a solas gaviotas y moluscos bajo el resplandor del infatigable astro solar.
En el suntuoso palacio del emir, la luz conseguía transmutarse en oro para la mirada de nuestra joven aventurera...
Pero la razón puede llegar a perder todos sus atributos si se deja seducir por los engañosos reflejos de la belleza.
En el suntuoso palacio del emir, la luz conseguía transmutarse en oro para la mirada de nuestra joven aventurera...
Pero la razón puede llegar a perder todos sus atributos si se deja seducir por los engañosos reflejos de la belleza.
















