Volver a dibujar una historia para la primera revista que confió en mí —hace ya casi treinta años— ha sido mucho más que un encargo: ha sido un regreso al origen. Aquel primer impulso, aquella oportunidad que marcó el inicio de mi camino profesional, sigue latiendo con la misma intensidad.
Para celebrar su 40 aniversario, quise rendir el mejor homenaje posible: una página poderosa, cargada de memoria y emoción, sobre el recuerdo y la importancia de la amistad. Porque al final, son los vínculos y las historias compartidas los que nos sostienen en el tiempo.
Larga vida a Camacuc. Que nunca deje de invitarnos a soñar.


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