jueves, 15 de diciembre de 2016

La ciudad de las lágrimas.

Fuera, las luces multicolores de la ciudad despertaban falsas esperanzas. El cielo plomizo no dejaba pasar ni un atisbo de vida mientras que, al otro lado del muro, los muertos asentaban su reinado del terror.

Claro, ellos ya habían muerto y no conocían el miedo a la muerte.

Sweeny pensaba que era imposible contener la enfermedad, ellos mismos eran los futuros caminantes de las infinitas praderas de la muerte. 

A veces, se imaginaba caminando medio descompuesta y sin recuerdos alguno de su vida pasada. Esos eran malos días. Días de lluvia y, generalmente, de muerte… y siempre acababan con una borrachera descomunal.

Hoy llueve, sonríe Sweeny. Otro día más en medio de la ciudad de las lágrimas, otro día más sabiendo que, en realidad, es un día menos.




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